martes, 23 de marzo de 2010

La Arquitecta


María de la Luz estudió algunos semestres de arquitectura. En la universidad conoció a su futuro marido, Robertojosé y se casaron en cuanto él se recibió de abogado. Ella se dedicó al hogar y él a su despacho. Tuvieron tres hijos: Luz María, José Roberto y Josefina Luz (que en realidad se llamaba Josefina Luz Roberta, pero sólo yo lo sabía).

Eran una familia mexicana de clase media alta, sin relevancias. Conforme el padre fue subiendo peldaños en el despacho, se fueron mudando de la Colonia Del Valle al Pedregal de San Francisco y de ahi, al Pedregal. Eligieron esa ubicación en el sur, porque María de la Luz siempre quiso vivir en esa zona, decía que tenía mucho potencial. Compraron una casa bastante grande: cinco recámaras, estudio, jardín y alberca. La casa, como usualmente sucede, distribuía sus espacios mediante paralelogramos, es decir, las habitaciones, la sala, los pasillos, la cocina, la alberca, el patio eran, a fin de cuentas, rectángulos y cuadrados en todos sus tamaños y combinaciones.

La relevancia en la familia comenzó el día en que María de la Luz decidió retomar sus conocimientos de arquitectura y combinarlos con los cursos de energía que había tomado en la última década, mientras se dedicaba al hogar y cuidaba a sus hijos. Así que, una mañana, cuando Luz María, José Roberto y Josefina Luz Roberta tomaban su licuado de plátano con cerelac y Robertojosé hojeaba el periódico sobre la mesa del comedor, el anuncio fue hecho. Sin bombo ni platillo, ni grandes alaharacas, fue un enunciado inocuo. "Haré unas composturas a la casa, para que quede más bonita". La familia asintió, a ciegas.

Josefina Luz Roberta, que se sentaba junto a mí en la fila de atrás de primero de prepa, era bastante reservada. Hablaba poco y nunca de su vida familiar, se dejaba copiar fácilmente, compartía su lunch, prestaba plumas sin pedirlas de vuelta. Por eso recuerdo con tanta claridad cómo llegó a desahogarse, dejando caer la mochila como si en ella estuvieran contenidas todas sus penurias. "Mi mamá está loca", dijo. Esa, que es la frase que más pronuncian las adolescentes, era un absoluto lugar común. "No -insistió- está loca de verdad".

Así fue cómo me empezó a contar que María de la Luz había invertido todos sus ahorros para elminar cualquier ángulo recto de su casa. Las columnas, las trabes y las esquinas fuero suavizadas, en su rigidez, con una curvita hecha de pasta flexible, muy a la moda en esos años. Era como vivir dentro de una almohada. El pasillo central, en vez de ser el auténtico distribuidor cuadrado de todas las casas, fue reestructurado (no me explicó de qué modo) para que fuera un círculo. Josefina Luz Roberta apretó los dientes antes de dar su epílogo que denotaba su rabia: "parece que cada recámara es una rebanada de gelatina". Ni la alberca se salvó; los albañiles escarbaron, quitaron y pusieron azulejos hasta que la pisicina tomó forma redonda; con los camastros puestos alrededor parecía un gran sol hecho por un de niño de kinder.

Mi compañera estaba compeltamente segura de que nadie querría ir a su casa, jamás. Yo le pedí que me invitara. Al calor de la confidencia me contó de su tercer nombre y de que, a partir del anuncio de su madre arquitecta, vomitaba cada vez que comía plátano. Conocí a la Sra. María de la Luz, un ser de ídem, que se paseaba con largas túnicas por su casa de curvas, realizada como arquitecta y como ser humano. No supe qué fue del papá.

Para ellos, este post, con mucho cariño. Por el día en que conocí, mis propios ojos, cuadrados.

3 comentarios:

  1. Pues no sé si sea loca o una purista de quiénsabecuál corriente arquitectónica. Pero vaya mujer de convicciones.

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  2. ¡Holaz!

    Te agradezco esta sublime lección de cómo debe escribirse la historia. Historia real, a modo de cuento, evidentemente humoristica, pero sin la necesidad de hacerle eco con ningún chiste demás, mas bien, con un respeto por las letras que te caracteriza (Lo sé, todo te caracteriza, pero,
    ¿Qué puedo hacer yo para evitarlo?)


    A mi modo de ver, como todo cuento, tiene su moraleja... Haz todo aquello por lo que darias tu vida (o tu casa), y no te arrepientas de nada... Como dice Chanfle II... La admiro por ser "mujer de convicciones"...

    Me gusta que escribas un poco de todo... Me encantaria aprender de ti... De hecho, lo hago... Gracias...

    -RickySmart

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  3. Me encanta como cuentas las cosas, hiciste q imaginara perfecto la casa y a la Arquitecta, hasta me dieron ganas de conocerla (a las 2).
    Un abrazo!
    NNK

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