
Ignoro su nombre científico o su tipificación psiquiátrica.
Ignoro, incluso, si fue real o me la inventé.
¿Qué son las enfermedades sino una dimensión paralela del cuerpo?
No había gérmenes, virus, bacterias, bacilos o mutaciones bajo el microscopio.
Era una enfermedad causada por caminar al borde de mi frontera.
Ahí, donde empieza el abismo, me senté a columpiar los pies. Me caigo, no me caigo, me quiere, no me quiere, me aferro, me suelto.
Intoxicada de adrenalina y del pavor de ser mala hija, a cualquiera le sucede.
Ignoro de qué me enfermé. Del alma, quizás.
No recuerdo qué o quién me dio la mano para bajar del punto más alto de mi límite, con las ligas estiradas carcomidas por el sol.
Sólo recuerdo los efectos secundarios: un mareo infame y ver huesos humanos cada vez que abría un clóset. Apilados, amarillentos. ¿De quién habrán sido?
Supongo que habitan bajo mi ropa, entre las sábanas dobladas y los vestidos para salir, sólo que ya no los veo. Supongo que me curé porque volví de la dimensión paralela.
He dedicado los últimos quince años a vigilar bien mis fronteras. Todavía ignorando y suponiendo.
Conosco a un niño que ve esqueletos caminando por su casa. Todos de hombres, aunque no tienen ropa, nunca hablan y él no sabe de anatomia.
ResponderSuprimirA veces lo persiguen, a veces no los vé aunque sabe que existen.
¿Existe alguna asociación donde se puede reunir esta gente?
Aplausos
ResponderSuprimirOvación desde acá, afuera.
ResponderSuprimirtambién aplaudo como los anteriores
ResponderSuprimirCreo que en el fondo, uno nunca deja de temerle al clóset.
ResponderSuprimirVerte hacia adentro, cerrar los ojos no es dejar de ver es vernos por dentro. Eres grande.
ResponderSuprimirwow!! seguro te lo han dicho mil veces, va una más: escribes increeeiiiiible!
ResponderSuprimirme dejas con ganas de leerte más.
un abrazo!
NNK