lunes, 25 de enero de 2010

Chorrillo

Cómo me molesta la palabra chorrillo. Me caga. Es más, nomás la escribo porque si no, no se entendería el post. Es horrenda. Hay muchas maneras más ingeniosas y menos molestas de referirse a dicho molestar estómacal: seguidillo, corre que te alcanzo, chole, quítate quítate que ai'te voy, corre ve y dile, etc.

Si de por sí el concepto que encierra es molesto, la palabra lo es aún más. Pero como en este caso definir palabras con palabras lo encuentro un tanto ocioso, redundante o insuficiente, a continuación mostraré unas cuantas imágenes que me recuerdan dicho esperpento. Repugnancias equivalentes a tal desgracia fonética, digna del olvido.

Para mí, la palabra en cuestión es como si imaginara cosas tan horrendas como...

O...

O...

O...

O...

O...

O...

O...

O...


O...
Bueno... no, no tanto. Con ésa última sí me la mamé, perdón. Guácala de gato.

viernes, 22 de enero de 2010

Godoy

El tema de esta semana no podía quedarme más adhoc, porque urge que explique un poco mi ausencia. Lo hice en un post casi cifrado hace 15 días, cuando anda muy down. Paso a explicar, pues, el motivo del plantón que les puse a mis, ya de por sí selectos por no decir escasos, lectores.

Resulta que por cuestiones de salud mi familia se fue a vivir a Estados Unidos y los tuve que ir a dejar y me regresé al DF para trabajar y mandar la marmaja para cubrir dicha expedición. Ésto me produjo una mezcla entre pesar y alegría: pesar por los kilómetros de por medio y alegría porque el pequeño Darío ahora tendrá mejores terapias y escuela. Si un capitán nunca se baja de barco hundiéndose, mucho menos un almirante se hunde cuando el barco está andando, así que dicho lapsus menguante pasó y aunque hay nostalgia, también esperanza.

Irme también me hizo ver que por ahí, como la latosa Nenek, nueva lectora korovesca que me echa porras como si le diera despensa del DIF o lonchibon perredista, hay por ahí, dos que tres anónimos y Andrea que me levantaron el ánimo dejando comentarios hinchaegos. Gracias a ellos y a los korovos, que son materia aparte y que siempre me han impulsado a seguirle dando a la tecla (de la compu).

Aclarado lo anterior no puedo dejar de recordar a mi extinto tío Godoy, quien en eso de los plantones hizo maestría, pero no por aplicarlos si no por sufrirlos. Lo suyo era como de película de Libertad Lamarque, una cosa por demás melodrámatica que rayó en la tragedia y que terminó en cuento de hadas.

Resulta que Godoy, hermano mayor de mi papá, que no se llamaba Godoy pero que era conocido así por su adiposa complexión física cuando niño, era bastante galán. Hombre que heredó el fino oficio de la sastrería de mi abuelo (otro dandy de inicios de Siglo que merece miles de posts aparte), que con cara de López Moctezuma y bigotito de Ramón Gay era el objeto del deseo de varias las descalzas y hasta de las "con zapatos" en la Colonia Guerrero.

Al final de los años 40 y principios de los 50, Godoy se hizo de los amores de una mozuela, que para no ventanear, aquí se llamará Mercedes. Meche y mi tío se querían así como se querían el Pichi y la Chachita en Nosotros los Pobres, creo que hasta el mundo era blanco y negro como en la película, al menos así la recuerdo por la foto que todavía conserva mi papá de ella. Era algo así como un Elsa Aguirre en sus 18, bastante potable la señora, pero nunca llegó a ser mi tía.

El amor de estos tórtolos no era bien visto por la familia de la Meche y pues ante eso no había más que robársela. Godoy dispuso todo para que fuera por la mala pero decentemente, es decir se fugaría de su casa la novia, pero el punto de encuentro sería la iglesia, donde una vez casados en extremis vivirían juntos.

Godoy llegó a la cita secundado por los alcahuetes de sus hermanos y su mamá, obvio era que Meche podría tardarse un poco y que no cabía la desesperación por los primeros minutos de tardanza, pero los minutos se hicieron horas y a Godoy no le quedó de otra que ir a bucarla a su casa.

Al llegar, el suegro le informó que la intento de fugitiva había sido sorprendida en el momento que en que aplicaba la de Zobek y trataba de salir por la ventana. Jamás, dijo el suegro, se casaría con Godoy, jamás. Mientras, dentro de la casa los berridos de la Meche eran tales que alcanzaban a taladrar al mozalbete plantado.

La negativa de unos padres no es pretexto para no conseguir juntar a un par que babean el uno por el otro, lo malo fue que Meche, y esto no es ficticio, ante el no de los padres, amaneció fría y no volvió a ver la luz. Se envenenó porque prefería la muerte a no vivir con el amado Godoy.

No por cualquiera se suicida alguien o más bien no todos cargamos en el currículum con una suicidadita, y eso a mi tío le pegó un buen rato. Años después conoció a la que a la postre sería mi tía, bonochona y aguantadora dama que todavía le sobrevive, luego de que hace un par de años Godoy, mediando los 82 añitos tuvo a bien entregar el equipo luego de una buena vida.

Acostumbraba a beber whiskey y cada vez que le decíamos que cómo le hacía para estar tan bien a sus 80, nos decía "chupen, chupen, ese es el secreto". No sé si tenía razón, pero del hígado no murió. Lo que recuerdo muy bien fue cuando me contó esta historia que me conmovió, pero más me sorprendió que no fue la única vez que se quedó frente al altar, ¡mi tía se rajó una vez justo el día del bodorrio! Aún así fueron muy felices y que yo sepa Godoy nunca se amargó, así que si algún día los plantan o se les suicida la novia, chupen, ese es el secreto.

jueves, 21 de enero de 2010

¡Habráse visto!



Hace algunos días, una amiga me envió un video que hablaba sobre la poderosa fuerza física y emocional de las mujeres. En cuadro aparece una pequeña mujer con su discurso en mano, caminando hacia el podio. Al momento de hablar, la voz se le escucha nerviosa, casi en punto de quiebre por la ansiedad de dirigirse al público. Ella era Isabel Allende, autora de La casa de los espíritus, su novela más famosa. Comienza a contar su historia y habla de mujeres inteligentes, fuertes y decididas, entre ellas, menciona a alguien que ya me había llamado la atención meses antes: Wangari Muta Maathai.

La conocí más íntimamente hace unos meses a través de un documental sobre ella en CNN y de su lucha contra viento y marea por la democracia y paz en Kenya y otros lugares de África, por el desarrollo sustentable de recursos naturales y por plantar un millón de árboles. Creo que para el día de hoy, ya ha de llevar un poco más de un millón. Ella ganó el premio Nobel de la Paz en 2004 y para entonces llevaba un millón, digamos que ahora ha de tener unos 10 mil más a su cuenta.

Lo que Wangari ha hecho es ir a las aldeas en donde su suerte ya está echada debido a la tala indiscriminada de árboles. Ella platica con las mujeres que son las que trabajan y junto con ellas, planta árboles y les da una cátedra de su importancia para la sobrevivencia tanto del entorno, como de la fuerza económica de la aldea. No sólo los planta, sino que les enseña cómo cuidarlos para que lleguen a la madurez. Ella sola ha ayudado a regenerar una cantidad significativa de bosques tropicales en África, ayudando a retrasar el calentamiento global.

El método que utiliza Wangari es trasplantar árboles jóvenes, arbustitos que se crían en invernadero a tierra firme. Este proceso se llama PLANTÓN. Ella ha defendido con su propia vida ante bulldozers de compañías y terratenientes a los pequeños árboles que, a pesar de esposos furiosos, madereros insensibles y hombres necios, han querido derribar. Es un milagro, de verdad, que no haya sido asesinada a estas alturas.

Ejemplos de mujeres con una gran fuerza interna y comprometidas con una causa son miles, Wangari Muta es un ejemplo famoso. Falta voltear y abrir los ojos un poco más para darte cuenta que las amigas, las madres, las abuelas, las tías, las esposas son capaces de sobrellevar y salir avantes de cualquier situación que se les ponga enfrente con gran entereza y sin dejarse abatir. Solo cierren los ojos y vean lo que las mujeres a tu alrededor han hecho.

Yo soy admiradora de Wangari Muta Maathai porque ha sabido darle vuelta a la palabra Plantón para ponerla en otro nivel. Las palabras son lo que nosotros queremos que sean, por eso, hay que ver más allá de su significado literal, podemos encontrarnos con varias sorpresas.

miércoles, 20 de enero de 2010

David, Tania y Michelle


Llega al lugar y pide una mesa. El mesero le recomienda una al centro. Él se arrepiente después de unos minutos y pide otra mesa, una junto a la ventana. Quiere que haya más luz para observarla mejor.

Lo reubican y el tipo queda complacido. No se mueve, luego comienza a mover la mano y se muerde las uñas. Eleva la cabeza y escucha cómo le truenan los huesos. La tensión es inaudita, el silencio es ruidoso y la espera el más atroz de los enemigos. A un hombre ávido de amor, lo persigue más de cerca el demonio en cualquiera de sus formas. Intenta prender un cigarrillo y no es sino hasta que el encendedor hace "psss" por octava vez que la flama logra su cometido. Nervios endemoniados.

Una hora y media después de lo pactado, el hombre ve llegar a una mujer. Ella toma asiento como si nada. Después ambos comienzan una plática interminable. Nadie está seco, ambos fluyen.

Así se elimina un plantón inicial. Con una segunda cita... el mismo día, en el mismo lugar.

Pero....... ¿quién dijo que con la misma mujer?

Inphi escribió esta historia ajena, luego de guaradrla en la cabeza un par de años. Y escuchando "Plainsong", de The Cure.

lunes, 18 de enero de 2010

Como salsa en licuadora

Desde la plataforma tenía una vista panorámica de la multitud en la iglesia. Podía ver que el rosa predominaba en los vestidos, y también en las corbatas. Un pensamiento se le cruzó por la mente: qué tiempos aquellos cuando los hombres ni siquiera consideraban el rosa, socialmente rechazado por ser de viejas. Ahora todos lo usaban porque es "fashion". Él jamás se pondría nada, ni siquiera una agujeta de color de rosa. Jaja, mira nomás qué cagado, como la canción...

¿Por qué carajos estaba pensando en eso? Tal vez era lógico que su mente buscara una escapatoria, pues eran las 12:38, la boda estaba programada para las 12:30, y Telma no aparecía. No contestaba el celular. Qué angustia, otra vez pensó, de aquellas épocas en que los novios se dirigían a las iglesias sin celular (porque no existían, claro), y no tenían la oportunidad de certificar que todo iba bien con la novia, que el carruaje iba en camino, y que no iban a ser plantados en pleno templo... como él desde hace 8 minutos.

Qué raro. Pero no, no puede ser. Si la última vez que habló con ella se oía bien, a las 10:15, cuando la pistola secadora se oía al fondo de su conversación, lo cual indicaba que ya la estaban peinado, lo cual indicaba que ya se había bañado y maquillado, lo cual indicaba que hasta 2 horas antes de la boda, Telma estaba considerado casarse. ¿Por qué el retraso? Si la Iglesia estaba a 5 minutos de su casa. ¿Tráfico? ¡Imposible en sábado a medio día! Bueno, pero en esta ciudad cualquier cosa puede pasar. ¿Y si la asaltaron? ¿Y si chocaron?...

¿Y si se arrepintió?

La única vez que mencionaron el escenario del arrepentimiento fue hace 2 meses, pero fue una de esas pláticas de absurdos que tienen todas las parejas. ¿Qué pasaría si yo te pusiera el cuerno?, planteó ella. ¿Qué pasaría si yo no fuera millonario?, le reviró él. ¿Qué pasaría si yo te plantara en la Iglesia?. Él se botó de la risa. ¿Qué mujer podría considerar no llegar a la Iglesia el día de su boda, soñada, planeada y recontradeseada, con el hombre de su vida, que la amaba ante todo y sin reservas? Además, a las 10:15 él había hablado con ella, y la pistola secadora se oía al fondo, por lo tanto ya se estaba arreglando, por lo tanto....

El Padre interrumpió sus pensamientos. 12:42. Hijo, ¿estará todo bien? Pinch Padre cómo jode, ¿cómo chingados voy a saberlo? ¿qué no me ve con esta puta cara de angustia y sale con sus mamadas de que si todo está bien? Sí Padre, todo en orden. Un bebé estalló en llanto y él volteó a la multitud, tratando de localizarlo. Qué imprudencia llevar un niño de brazos a una boda. Seguramente fue Mario, ese amigo del trabajo que de todos modos ni quería invitar. ¿Para qué carajos lo invitó, si ni siquiera...

Un portazo sonó de repente, pero en vez de ver la silueta de blanco, resultaron ser 4 invitados más que a la distancia no pudo reconocer. Magnífico, otros 5 espectadores del tremendo plantón. Naaaah, ¡pero cómo se le podía ocurrir! Si Telma lo adoraba. Y eso de los plantones sólo ocurría en las películas. Bueno, ni siquiera. Sólo en las telenovelas de Televisa. Telma no compraba esas tonterías de arrepentirse de último minuto. Si ella ni siquiera veía telenovelas, como aquella de Veronica Castro en los 80, en la que...

Otra vez la puerta se abrió de golpe y salió Paty, la hermana de Telma. Seria, absorta y decidida. Decidida a caminar por el pasillo de la Iglesia, jalando todas las miradas de la multitud, con un sobre en la mano. Qué clase de atrevimiento, qué le pasa. Y fue ahí, justo ahí, a las 12:48, cuando él supo que ese día, Paty iba a ser la única mujer que caminaría sola por ese pasillo.

Y el estómago se le revolvió como salsa en licuadora.

jueves, 14 de enero de 2010

Para Quecha...


Los pasados 5 años de mi vida han sido completamente inesperados. Nadie vió venir que mi relación marital se desmoronaba como el centro SCOP en el terremoto del '85 o más bien, nadie quiso ver lo evidente, incluso yo misma. Tampoco se vió que me iba decepcionar un trabajo que amaba por sobre todas las cosas y que a raíz de eso me cuestionaría mi estadía en México. Mucho menos que iba a vender todo y salir en el primer avión a Berlín sin hablar gota de alemán. Pero lo que si, nadie de mi familia se imaginaba el dolor insoportable que iba a traer la súbita muerte de mi abuela. Completamente fuera de guardia y sin sentido. Una hora bien, y a la siguiente, se fue. Para siempre. Sin despedida, sin palabras diciendo cúanto nos amó ni dando consejos. Suspiró y el secreto de ser una mujer elegante y segura de sí misma se lo llevó para siempre.

Su nombre era Lucrecia, pero su nombre de cariño era 'Quecha'. Ella era el clásico retrato de una mujer de la época dorada de México, en donde tener una casa con 6 cuartos era algo normal junto con un séquito de 4 sirvientes y que ella no moviera un dedo y se excusara diciendo 'para saber mandar, hay que saber hacer'. Una época en donde estaba permitido presumir a mujeres bellas como si fueran el objeto más preciado que un hombre, como mi abuelo al decir a sus amigos 'A ella, yo la traje', cuando mi abuela cantaba como ruiseñor en las fiestas. Otros momentos, otras épocas. Ella me enseñó el regateo mexicano en el mercado de Tizapán cuando después de un intercambio de ofertas que ni el más pintado broker del NYSE podría superar, terminaba con 'Ni usted ni yo, 15 pesos' y el marchante, derrotado, pero reconociendo que ante semejante contrincante era imposible decía con una sonrisa en la boca '¡Andele pues marchantita! Nomás porque usted siempre me compra'.

Maravillosas experiencias me dejó Quecha y un desconsuelo enorme por no haber estado con ella cuando murió. Han pasado tan sólo 2 meses y no puedo hacerme a la idea de que la próxima vez que pise tierras mexicanas, ella no estará para recibirme con una sonrisa, con un abrazo, con un regalo y un consejo.

Sí, la amé en vida cuanto pude. Sí, le dí momentos de gran felicidad. Sí, la recordaré mientras tenga vida. Pero nadie me va a poder quitar la pena que me embarga al saber que mi maestra de las buenas maneras, de la cocina guerrerense, mi costurera de disfraces y amante de mis textos ya no me acompañará a mi recorrido dominguero por el mercado de la Nápoles y le diga al marchante de los melones 'Ni usted ni yo'.

A veces, la vida no me gusta.

miércoles, 13 de enero de 2010

Qué horror


Ya se sabe. Aparecer en la portada del mítico NME no garantiza mucho. Por el contrario, para algunas bandas nacientes la publicación se traduce en una maldición condimentada por 15 minutos de extrema exposición mediática y un futuro errante y poco fructífero.

Sin basarme en aquella portada, a The Horrors los capté inicialmente por su nombre (que me pareció original desde cualquier perspectiva), después por su vestimenta y peinados y, finalmente, por la portada borrosa de su segundo disco, llamado Primary Colours, la cual me remonta sí o sí al Pornography que editó The Cure en 1982. O sea, estos británicos me llamaron la atención por muchas cosas antes que por su sonido.

Ya después, vinieron las joyas auténticas. Escuché tres tracks y quedé más que complacido. En particular, me atrapó un tema atmosférico de casi 8 minutos, llamado "Sea Within A Sea", con el que se cierra Primary Colours. ¿Dónde queda su definición? Ni idea. Ya veo venir la pregunta rasposa de siempre para catalogar a una banda en etapa infantil. No suena a The Strokes, pero por momentos sí; tampoco es My Bloody Valentine o The Ramones, pero sí; mucho menos da la sensación de Joy Division, aunque...

The Horrors no tiene cabida en un concepto que por preciso acaba siendo odioso. Sólo sé que a veces me hace recordar a Echo And The Bunnymen, a Loop y hasta a The Jesus and Mary Chain. No son de acá, tampoco de allá. Pero sí, sí son exquisitos (para continuar la prueba de menú, recomiendo "Who Can Say").

Uno de los términos musicales más populares, hype, podría traducirse como "exageración", y es usado para artistas o bandas de los que todo el mundo habla y, al final, son grises. The Horrors fueron el hype en 2007. Cinco chamacos escuálidos que apenas habían grabado un sencillo y ya copaban portadas y tapas. Entonces, como hoy, nadie entendía a qué sonaban, pero su pinta gótica lucía en las fotos. De su primer esfuerzo, Strange house, se dijo que era "insustancial". El mecanismo del hype: se dice lo increíbles que son, entonces se les da bien de palos y que se pudran en una esquina.

Pero ellos no se dejaron.