jueves, 9 de julio de 2009

La prepa no sirve de nada




El día que su papá le prohibió estudiar más allá de la secundaria Kiko decidió que iba a vivir la vida que le diera la gana.

Don Samuel no hizo la prepa, pero como encontró un trabajo en Pemex desde muy joven y con eso "sacó adelante" a sus seis hijos, tuvo la ocurrencia de que ninguno de ellos necesitaba más instrucción.

Al buen Temo, el benjamín, le dio lo mismo, porque su debilidad visual y la sobreprotección de su madre le daban excusa para no buscar nada, literalmente, delante de su nariz.

Filemón, el mayor de los varones de la familia Ranza, nació con oído musical así que cuando desertó del primero de secundaria porque el maestro no entendió su maqueta del cuerpo humano, su madre se limitó a consecuentarlo y apoyarlo en las clases de piano que daba líricamente.

Las "muchachas", nada agraciadas, fueron inscritas en la academia de comercio para ser secretarias, ánimas que así conseguirían ligarse a un jefe licenciado o cucarachón de tribunal. Amparo, contrariada como viuda sin herencia, alguna vez se le puso al tiro a don Samuel, cuando mudó a toda la familia, obviamente sin preguntarles, a la inhóspita y desértica Torreón. "Papá si nos vamos del DF, ¡nunca nos vamos a casar!", a lo que lapidario y sin parpadear tras los espejuelos tipo Fidel Velázquez con tanto aumento que los ojos se ven chiquititos y con cierto ahumado que le daban un aire siniestro, dijo: "Ustedes no se van a casar ni aquí ni en Torreón, así que nos vamos".

Vero y Lucrecia, gemelas de alma y lonja, no se inmutaban ante el áspero don Samuel y parecía que con su sonrisa de teclas de piano en la boca del Gato Silvestre, escondieron perfectamente sus intenciones de fugarse al alimón con un par de traileros en la primera oportunidad que tuvieron para despojarse del yugo paternal.

Fueron vistas como las ovejas negras, desterradas del apellido y muertas para don Samuel desde ese momento. Doña Clemen, la mamá, las lloró un rato, pero era mayor su miedo y devoción por el osco Samuel y asumió el deceso de las gemelas convencida o queriendo estarlo.
El viejo, para intimidar o para ahogarse, solía comer tremendos platos de arroz rojo, acompañados por varios caballitos de tequila, mientras que sus retoños malcompartían huevos revueltos y otras comidas menores, ya que tras el medio kilo de cereal con agave, el progenitor se empujaba un costillar o medio pollo, porque "él era el hombre de la casa".

Luego de estos ejemplos de lo que era la paternidad de este hombre que presumía de sabio y se aventaba en la hora de la comida cápsulas informativas al estilo de Agustín Barrios Gómez, no me extrañó que Kiko se inventara la vida día a día, porque en su mente una esquizofrenia arma lo que quiere vivir, ya lo que pasa en realidad es un engorroso trámite que hay que sortear mientras es quien quiere ser.

Muchas veces es difícil seguirle el paso a su mundo paralelo. En la secundaria él ya era jugador suplente del América y desde una tribuna del Estadio Azteca un aficionado le gritó, "Ranzaaaa, y una botella de caguama cruzó su rostro", por ello le vimos una cortada que más bien parecía el daño provocado por un rastrillo viejo, de esos que parecen uñas.

La forma tan vívida en que lo contaba y su gran don de gente nos impedía contradecirlo y pedirle pruebas de su odisea, y aunque así hubiera sido, era inútil, jamás reconoció que fueran fantasías, es más, cada vez que lo cuenta la historia se retuerce y trastoca y ahora es un Clásico no en juego de reservas donde fue atacado por los hinchas.

Luego de que han pasado décadas desde que nos conocimos, ahora asegura ser ingeniero industrial, graduado, en ocasiones de la UNAM y otras de la UAM, cuando en Torreón casi podría jurar que no existen planteles para estudiar esa carrera, mucho menos cuando su escolaridad sólo llega a la secundaria, y si lo sabremos nosotros, que lo invitábamos a jugar ping pong a la Prepa 6 y que luego no lo hemos perdido de vista más de un año seguido, hasta llegar a sus ahora 43 años.

No creo que don Samuel no los quisiera, pero dicen que tanto quiere el cuervo a sus hijos hasta que les saca los ojos. Ahora que el viejo ya murió, Kiko sigue gozando de los placeres de la mitomanía, pero yo nunca olvidaré el único día en el que lo vi hablar con la verdad.

Fue un domingo cuando su padre les advirtió a los tres varones que no salieran a jugar con nosotros porque podría llover y no quería que mojaran sus, ya de por sí, escasas ropas. En franca rebeldía salieron y jugaron como si su vida dependiera de ello y se enfangaron hasta tontamente. Los acompañamos a su casas para tratar de ser un salvoconducto que les evitara pasar por la hebilla del cincho. A don Samuel no le importó y los ajustició en nuestra cara. Ya nos íbamos cuando Kiko nos alcanzó, apenas con una lágrima en la mejilla derecha y lleno de coraje, dejando entreabierta la puerta del departamento vomitó con ardor: “yo creo que mi Papá es puto, se crió entre puras mujeres y nos odia a los hombres, por eso nos trata así”. “Kiko, no digas eso, no te vaya a oír”, le dijo Paco, pero más envalentonado replicó, “es puto, seguro”.

El castigo de un mes encerrado y la cachetiza nunca fueron tema de conversación entre nosotros, y así como Kiko, todos sus amigos esperábamos que eso hubiera sido una más de sus mentiras, de sus historias imposibles, pero no, desafortunadamente todo esto es verdad.

6 comentarios:

  1. Triste historia.

    A veces las mentiras son necesarias para no volverse loco viendo tu realidad.

    Estoy de acuerdo con el final, Samuel era una bestia pero las mujeres que lo criaron no se quedan atras

    Buen fin de semana

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  2. Uyy...excelente cierre de semana!!

    Es increíble el alcance que tiene un padre así...que llegó hasta a tí. Imagínate lo que le hizo a Kiko!
    Por eso digo, repito y me aferro a que para tener padres así...mejor no tener!

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  3. Pues a mi me parece muy fascista querer alinear a la paternidad bajo los criterios de "expertos" y pensar que con eso se solucionarían problemas sociales. Por otra parte creo que esos padres irresponsables fueron creados en gran medida por sus propias madres. Un beso.

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  4. Me alegro que te hayas integrado al Korova, porque así a huevo te leo cada semana. A huevo.

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  5. Nadie sabe lo que habita en la mente de los padres.

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  6. Los padres, un eterno enigma para los hijos.

    Tu post, un cierre garantizado de cada semana korovesca.

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