miércoles, 8 de julio de 2009

Uno de cada 100 mil


Habituado a leer desde niño a Rafael Alberti y a Buero Vallejo, y a refugiarse pronto en la penumbra de Blake y Baudelaire, podría decirse que Enrique Ortiz de Landázuri se forjó como músico irregular durante varios años hasta que, un buen día, se convirtió simplemente en Bunbury. Y como tal, escribió en 1989 las siguientes líneas:

"No hace mucho que leí tu carta y sin fuerzas para contestar,
mil pedazos al viento nos separarán.
Pondré casa en un país lejano para olvidar
ese miedo hacia ti,
este miedo hacia ti".

Este fragmento pertenece a "La carta", uno de los indispensables del catálogo de Héroes del Silencio, mismo que yo usaba como corte "de amor y desamor" para dedicarla a las susodichas (quienes fuesen). A todos nos pasa. Escuchamos algo y creemos que ciertas letras nos quedan a la medida, nos reflejan y nos provocan desahogo en voz de otros.

Lo que entonces ignoré es que tal desahogo no correspondía a la pérdida de una mujer. Más bien, Bunbury se dirigió con tal severidad a su padre, a quien detestaba.

El que Quique llegara a casa a los 10 años con una batería por la que había pagado 5000 pesetas representaba una anomalía insultante a la tradición del patriarca, quien se oponía tajantemente a las tocadas en un gimnasio de karate y le exigía al nene estudiar hasta titularse como médico. "En el oficio de músico, triunfa una de cada 100 mil personas, y ese uno, créeme, no serás tú". La frase le ofendía a Enrique, mas no le amputaba la aspiración. En todo caso, cada palabra hacía que el distanciamiento adquiriera velocidad propia.

Según Pep Blay, poco antes de dejarse de hablar durante años, el atormentado padre de Bunbury estudió el libro biográfico de David Bowie (ídolo de Bunbury) con la esperanza de comprender las motivaciones "demoniacas" de su hijo y para asegurarse de que no existía influencia de "maricones excéntricos" en la elección de esta profesión que él siempre relacionó son sexo desmedido y con adicciones.

En 2007, Héroes del Silencio celebró 20 años de carrera con dos conciertos multitudinarios en el Foro Sol de la Ciudad de México, congregando a 62 mil asistentes por noche, según cifras del staff del inmueble. "La carta" fue el cuarto tema de cada recital.

¿Habrá sido casualidad que en aquellas noches Bunbury se alzara como el gran triunfador entre esas más de 100 mil personas? De ser así, el cálculo de su padre sobre la posibilidad de ser exitoso en el oficio de músico... resultó cierto.

Inphi escribió esto bajo los influjos de "La carta" (versión acústica), de Héroes del Silencio. Gracias a Chanfle II por regalarme aquel libro.

14 comentarios:

  1. Chanfle 2 me acaba de robar las palabras.

    ResponderEliminar
  2. Los Héroes y Bunbury son indispensables en la generación que hoy va de los 30 a los 40 aprox, generación que todavía padeció en algunos casos a padres, escuelas, tradiciones como los que padeció el buen Ortiz de Landázuri. Muy bueno.

    ResponderEliminar
  3. Héroes es indispensable, le guste o no a la gente que hemos vivido en esa época. Buenísimo post ciertamente. NO DEJEN DE ESCRIBIR KOROVOS!

    ResponderEliminar
  4. Orale, entonces fue en 2007 cuando me contabas que te ibas a las horas de comida a leer una biografía de Bunbury muy recomendable. Bien invertidas las horas.

    ResponderEliminar
  5. Ni hablar, a todos nos a tocado tener un pariente mal plan...la diferencia está en cómo canalizarlo. Pudo haber sido asesino en serie o un buen rockero. Menos mal escogió ser un ícono del rock hispano.

    ResponderEliminar
  6. A veces la negativa de los padres resulta ser el mayor impulso de los hijos (de llevar la contra) para hacer lo que se han propuesto. Ojalá todos esos casos fueran como el de "el Quique", en donde el hijo triunfa y con cosas positivas.

    Aunque ojalá, no existieran esos padres que lejos de creer y apoyar a sus hijos, les ponen el pie encima...

    Muy buen post! Torerazo, que manera de darle la vuelta al tema (que en tu caso evidentemente no aplicaba..aplausos al Dueño de la Fábrica) Oleeeeeeee

    ResponderEliminar
  7. COINCIDO, MUY BUENA HISTORIA DE DON ENRIQUE BUNBURY AUNQUE ÉL NO ME CAIGA PRECISAMENTE FENOMENAL.

    SALUDOS

    ResponderEliminar
  8. Me gusto y me recordo la pelicula "Billy Elliot".
    Saludos

    ResponderEliminar
  9. Lui!
    Excelente manera de abordar un tema al que te has acercado por la lectura o el amor que le tienes a la música, que afortunado.
    Y como bien dijo Elianne, aplausos al Dueño de la Fábrica.

    ResponderEliminar
  10. EL DUEÑO DE LA FABRICA.......DE SUEÑOS8 de julio de 2009, 12:17

    QUE DILEMA, Y QUE CUANDO LOS PADRES APOYAN TOTALMENTE? ENTONCES PODRIA GENERARSE UNA PRESION TAL VEZ MAS PARALIZANTE QUE EL INCENTIVO QUE PROVOCA LA OPISICION DE UN PADRE. BIEN............ENTONCES RESCATO LA DINAMICA HISTORICA DE LAS GENERACIONES Y DECIDO POR EL APOYO, SOLIDO Y OBJETIVO, PERO APOYO AL FIN DE CUENTAS A LOS PROYECTOS DE VIDA. YO TENGO TRES: LA MERCADOLOGA ( YA DEFINIDA?), EL ESCRITOR/CUENTISTA Y AL PINTOR. RESULTADO: NO SON BANQUEROS, CREO QUE YO, A ESTAS ALTURAS DE MI VIDA, TAmpoco. CREO QUE SON FELICES, LIBRES, EN FORMACION. QUE DIOS ME DE VIDA PARA VERLOS CONSOLIDAR, O AL MENOS, SEGUIRLOS VIENDO FELICES. VUELVO A VICTOR FRANCK, CREO QUE ESE ES EL SENTIDO DE LA VIDA.

    ResponderEliminar
  11. Hay certezas que son desde el alma. Por eso la vocación es vocare, llamado. Es la brújula más precisa y la que desplaza a las/los guías terrenales.

    Lo más odioso que puede hacerse, a sí mismo, un padre es no escuchar su vocación. Y eso comienza veinte años antes.

    ResponderEliminar
  12. Como siempre, un estudioso de la música.
    Me encanta que hables de eso.

    ResponderEliminar
  13. A lo mejor el papá del tal Burnbury no quería ue su hijo sufriera la decepción de ver inclumplido y prefirió desalentarlo. Posición derrotista y mediocre, pero en su lógica significaba protección. No sé, ¿qué voy a saber yo?

    ResponderEliminar